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​Tesoros Cristiano

A pesar de todo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano.” – Isaías 64:8

La Biblia dice que Dios es el Alfarero y nosotros somos el barro. Cuando estamos abiertos a la voluntad de Dios en nuestras vidas, Él nos moldea, transforma, y santifica si andamos con Él.

Cuando venimos al Alfarero, tenemos que entregar todo, todas nuestras imperfecciones y dejar que Él sea nuestro Maestro. Tenemos que dejarle moldearnos y hacernos el vaso de honor que Él quiere que nosotros seamos.

Para que esto se logre, tenemos que tener el conocimiento de la Palabra de Dios antes de que Él pueda comenzar el proceso en nosotros. Cuando el alfarero coloca un pedazo de barro en una rueda necesita echar agua a fin de hacerlo flexible y bastante suave para que él sea capaz de usarlo. Jesús es nuestra Agua Viva y la Biblia nos dice: “… para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.” – Efesios 5:26-27

Por consiguiente, el primer paso que tenemos que tomar, si realmente queremos que Dios nos moldee en la clase de persona que Él quiere que nos hagamos, debemos dedicar tiempo en la Palabra de modo que nos hagamos flexibles y moldeables.

El siguiente paso es que la pieza de barro debe ser bien centrada en la rueda. La razón de esto es que si un pedazo de barro no está bien centrado en la rueda, el desgarrará finalmente antes de que el alfarero puede terminar el proceso. Del mismo modo tenemos que ser correctamente centrados en Jesucristo ante Dios puede comenzar a moldear y formarnos.

Estar centrado en Jesús es tener la vida totalmente entregada a Él donde Él está en control total. Jesús tiene que ser Señor y Salvador de nuestra vida.

Justo como el alfarero no puede moldear el pedazo de barro en el pedazo de cerámica que él trata de hacer a menos que sea perfectamente centrado en la rueda, del mismo modo el Señor no puede comenzar a trabajar correctamente con nosotros a menos que seamos perfectamente centrados en Él en plena rendición.

Si tratamos de vivir nuestra vida sin Jesús conduciendo y dirigiendo el camino, nuestras vidas con el tiempo se descomponen y nunca llegarán a cumplir con el destino divino a que Dios nos ha llamado. Por eso Jesús nos dice en Su Palabra que sin Él no podemos hacer absolutamente nada: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.” – Juan 15:5. Dios también nos dice que si tratamos de construir nuestra propia casa sin su guía directa, que vamos a terminar trabajando “en vano” si tratamos de hacerlo todo a través de nuestros propios esfuerzos. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.” – Salmo 127:1

Una vez que la masa de barro tiene suficiente agua y se centra en la rueda, entonces el proceso de moldeo comienza. La rueda comienza a girar y la mano del alfarero hace presión en la cumbre del barro para crear una apertura y mueve sus manos en el interior del centro del barro. Él sigue constantemente formándolo y moldeándolo para que el resultado final sea el vaso que él desea hacer.

De la misma manera, la mano de Dios, literalmente, obra profundamente en nuestra alma y espíritu donde el trabajo de santificación realmente es hecho, moldeándonos y transformándonos en los santos que Él quiere que nosotros seamos.

Así como la pieza de barro tiene que confiar plenamente en el alfarero, de la misma manera tenemos que confiar plenamente en el Señor para moldar y transformar nuestras vidas. El barro está totalmente bajo Su control. Tiene que ser el cien por ciento cedido a Él. El barro debe ceder el paso a la mano del alfarero, si es para convertirse en algo útil. Por esta razón, tenemos que ceder a Dios rindiéndonos completamente.

Cuando estamos en las manos del Alfarero, sintiendo Sus presiones, sintiendo el moldeado de Sus dedos, nosotros podemos relajarnos y confiar en Él, porque sabemos que este Alfarero ha sufrido con nosotros y sabe cómo nos sentimos, pero está decidido a hacernos en un vaso útil y dispuestos a hacer toda buena obra: “En una casa grande no sólo hay vasos de oro y de plata sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para los usos más bajos. Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena.” – 2 Timoteo 2:20-21

Si permitimos que Dios use Su habilidad y su poder para moldear a la gente, y en el carácter que Él quiere que seamos, todos debemos decir con Isaías: “Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano.”
¿POR QUÉ NOS MOLDEA JEHOVÁ?

7. ¿Por qué debemos agradecer la disciplina de Jehová?
7 Quizás hemos oído alguna vez a alguien decir: “Nunca valoré de verdad la disciplina de mis padres hasta que tuve hijos”. Al adquirir más experiencia en la vida, puede que cambie nuestra opinión sobre la disciplina y empecemos a verla como lo hace Jehová, como una muestra de amor (lea Hebreos 12:5, 6, 11). Así es, Jehová ama a sus hijos. Por eso, nos moldea pacientemente. Quiere que seamos sabios y felices, y que correspondamos a su amor (Prov. 23:15). No le gusta vernos sufrir ni quiere que muramos como “hijos de la ira”, que es la perspectiva que hemos heredado de Adán (Efes. 2:2, 3).

8, 9. a) ¿Cómo nos enseña Jehová en la actualidad? b) En el futuro, ¿cómo nos seguirá educando Jehová?
8 Al ser “hijos de la ira”, teníamos muchos defectos que desagradaban a Dios. Quizás hasta manifestábamos características propias de los animales salvajes. Pero, gracias a que Jehová nos moldea, hemos cambiado y nos parecemos más a corderos (Is. 11:6-8; Col. 3:9, 10). El entorno en el que Jehová nos moldea es un paraíso espiritual que está tomando forma en la actualidad. En él nos sentimos seguros a pesar de vivir en un mundo malvado. Los que crecieron en un hogar sin amor o en una familia con muchos problemas, por fin pueden saber lo que es sentir que los aman (Juan 13:35). Además, hemos aprendido a mostrar amor a los demás. Y lo que es más importante, hemos llegado a conocer a Jehová y ahora sentimos que nos quiere como un padre (Sant. 4:8).

9 En el nuevo mundo, disfrutaremos al máximo de las bendiciones de este paraíso espiritual y de su complemento perfecto: un paraíso literal bajo el Reino de Dios. Cuando se lleve a cabo esta restauración mundial, Jehová seguirá moldeando a quienes vivamos en la Tierra. Nos educará a un grado que no podemos ni imaginar (Is. 11:9). Y no solo eso. Dios hará que nuestra mente y cuerpo sean perfectos, de manera que podremos asimilar mejor sus enseñanzas y obedecerlo a la perfección. Por eso, sigamos sometiéndonos a la voluntad de Jehová. Así le demostraremos que estamos convencidos de que nos moldea porque nos ama (Prov. 3:11, 12).

CÓMO NOS MOLDEA JEHOVÁ

10. ¿Cómo reflejó Jesús la paciencia y la habilidad del Gran Alfarero?
10 Al igual que un alfarero experto, Jehová conoce el tipo y la calidad del “barro” que tiene en sus manos, y lo toma en consideración al moldearnos (lea Salmo 103:10-14). De hecho, nos ayuda de forma personalizada teniendo en cuenta nuestras debilidades, limitaciones y crecimiento espiritual. Podemos saber qué piensa Jehová de sus siervos imperfectos si nos fijamos en la reacción de Jesús ante los defectos de sus apóstoles. Ellos tenían la tendencia a discutir sobre quién era el mayor. Si hubiéramos presenciado sus acaloradas disputas, ¿habríamos pensado que eran hombres apacibles y que se les podía ayudar a cambiar? Jesús no tenía un mal concepto de ellos. Sabía que se podía moldear a sus apóstoles fieles aconsejándolos con bondad y paciencia, y poniéndoles un ejemplo de humildad (Mar. 9:33-37; 10:37, 41-45; Luc. 22:24-27). Después de la resurrección de Jesús y de recibir espíritu santo, los apóstoles dejaron de buscar un puesto prominente y se concentraron en la obra que se les había asignado (Hech. 5:42).

11. a) ¿De qué manera demostró David que era como barro blando? b) ¿Cómo podemos imitarlo?
11 Jehová moldea a sus siervos principalmente por medio de su Palabra, el espíritu santo y la congregación cristiana. La Biblia puede moldearnos, pero debemos leerla con atención, meditar en ella y pedirle a Jehová que nos ayude a poner en práctica sus consejos. El rey David escribió: “Cuando me he acordado de ti sobre mi canapé, durante las vigilias de la noche medito en ti” (Sal. 63:6). En otra ocasión, dijo: “Bendeciré a Jehová, que me ha dado consejos. Realmente, durante las noches mis riñones [o emociones más profundas, según la nota] me han corregido” (Sal. 16:7). David permitió que los consejos de Jehová, aunque fueran difíciles de aceptar, llegaran a lo más hondo de su ser; dejó que moldearan sus pensamientos y sentimientos más profundos (2 Sam. 12:1-13). ¡Qué ejemplo de humildad y sumisión! ¿Meditamos nosotros también en la Palabra de Dios y permitimos que llegue a lo más hondo de nuestro ser? ¿Debemos mejorar en este aspecto? (Sal. 1:2, 3).

12, 13. ¿Cómo usa Jehová el espíritu santo y la congregación cristiana para moldearnos?
12 El espíritu santo puede moldearnos de varias maneras. Por ejemplo, nos ayuda a desarrollar la personalidad cristiana, que se caracteriza por el fruto del espíritu (Gál. 5:22, 23). Una de las cualidades de ese fruto es el amor. Como amamos a Jehová, queremos obedecerlo y que nos moldee, pues sabemos que sus mandamientos no son una carga. Por otra parte, el espíritu santo puede darnos fuerzas para rechazar el espíritu del mundo y no dejar que este nos moldee (Efes. 2:2). Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo era joven, el espíritu orgulloso de los líderes religiosos judíos influyó mucho en él. Pero más tarde pudo decir: “Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder” (Filip. 4:13). Hagamos lo mismo que Pablo: sigamos pidiéndole a Jehová su espíritu. Él escuchará las peticiones de los mansos (Sal. 10:17).
Dios es el Alfarero y nosotros somos el barro. Cuando estamos abiertos a la voluntad de Dios en nuestras vidas, Él nos moldea, transforma, y santifica si andamos con Él.
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Jeremías 18: 2 al 6: 

“Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”. 
“Toma cada vida Señor, tú eres el alfarero y nosotros barro en tus manos. Sea hecha oh Dios tu voluntad en nuestras vidas, venga a nosotros tu reino. Limpia con tu sangre preciosa toda maldad e impedimento. Deshace nuestras maldades delante de ti Señor, perdona nuestras iniquidades, envía tu Espíritu Santo y llena cada vida, Padre. Haz una vasija conforme a tu beneplácito, te lo pido en el nombre de Jesús. Levanta al pobre del muladar, Dios Todopoderoso. Toma este barro. ¡Es increíble lo que tú puedes hacer con nosotros! De la nada puedes hacer todo Padre, en el nombre de Jesús lo declaro y para tu gloria, amén”.
El barro y la vasija de agua del alfarero

El Señor nos compara con ovejas porque necesitamos de un pastor. Nos compara con semillas y con tantas cosas, como con pámpanos. También nos compara con barro, pero no con cualquier barro, sino con barro en manos del alfarero. 

¿Quién es el alfarero divino? Cristo, ¿Quiénes somos el barro? Nosotros. Ahora, ¿quién escoge a quien?, ¿Es el barro que escoge al alfarero o el alfarero que escoge al barro? El alfarero, Él te escogió. 

2da. a los Corintios 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. 

Romanos 9:21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de una misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 

Hay quienes ignoran que tenemos un tesoro. ¿Cuántos tienen a Cristo adentro?, ¿Cuántos tienen al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? Entonces, tenemos dentro un tesoro. Nosotros tenemos el verdadero valor y está dentro de nosotros, se llama Jesucristo.

Ignoran que tiene ese tesoro y viven por eso de forma miserable. Hay otros que saben que lo tienen, pero se les olvida la otra parte, dónde está ese tesoro, que es en vasos de barro. El vaso de barro tiene el valor adentro, pero realmente lo que vale es lo que está dentro, y luego eso le da valor a lo que está afuera, que somos nosotros, en otras palabras nuestro valor se llama Jesucristo. 

Además para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. Cuánta gente ignora esta verdad y cree que el poder es de ellos. La clave está en saber que tenemos un tesoro de Dios adentro. Si tienes a Cristo tienes ese tesoro, pero lo segundo, en vaso de barro. Lo tercero, tenemos ese poder, pero ese poder de excelencia no es de nosotros, sino es Dios en nosotros.  

El alfarero utiliza diez elementos para hacer una vasija de barro. Es un proceso en el que intervienen el alfarero, el barro, la vasija de agua, la rueda, el fragmento de una vasija cóncava y otros elementos. Antes de hacer una vasija de barro el Alfarero ya sabe lo que va a hacer.  

Si supiéramos cuanto tuvo que pagar Dios para que fuéramos barro en Sus manos. 

Mateo 27:7-8 Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.

El precio que tuvo que pagar Cristo fue su sangre. Nuestro precio no es cualquier precio, valemos más que oro, más que plata, la sangre de Jesús. Para estar siendo moldeados por las manos de nuestro Alfarero Divino, El tuvo que pagar un precio muy alto, su propia sangre. El hombre comenzó en la mente de Dios, en Su corazón, pero también usó barro, usó polvo. 

En Adán todos pecamos, la paga del pecado es muerte. Todos somos pecadores. Viene Cristo y paga el precio de sangre. Por más que hayamos hecho para ofender a Dios, El hizo algo más grande para salvarnos. 

El barro esta ahí, no vale nada, barro sucio, asqueroso, pero lo que le da valor es el Alfarero. El Alfarero no ve barro, ve una vasija que Él ya pensó en su mente, no nos ve como éramos, él nos ve como Él nos diseñó. 

Del campo del alfarero al proceso del barro, y luego a la rueda; pero para llegar ahí había que mojar el barro. Entonces ponerlo en la rueda del alfarero.  

Jeremías 18:1-2 Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te hare oír mis palabras. 

La iglesia es la casa del Alfarero, no es iglesia de hombres, es iglesia de Cristo, porque Él la compró con Su sangre. Allí oímos las palabras, allí nos habla Dios. Uno sale lleno de lo que va a ver o a oír a la iglesia. 

Jeremías 18:3-4 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacia se echo a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

El Alfarero no tomó otro barro, ni tiró el que se echó a perder, por que valoraba el barro, porque sabía que lo había comprado a un precio muy alto. El Alfarero no nos desecha, vuelve a hacernos de nuevo con la misma masa, porque valemos demasiado, valemos más que oro, valemos más que plata, valemos la sangre de Jesús. 

La gente le pone el valor a las cosas de acuerdo a lo que ame, por lo que se sienta apasionado. ¿Y qué precio le dio el Señor al barro? El Señor pagó un alto precio por nosotros, Él nos ama, es apasionado con nosotros, no abandonó la obra de Sus manos. 

El barro se amasa y se pisa para hacerlo dócil. El Señor muchas veces permite que hombres cabalguen sobre nuestra cabeza.

Salmos 66:10-12 Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata.
 Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia

PASOS PARA QUE EL BARRO ESTE EN LA RUEDA
1.El campo del alfarero, fue un campo comprado a precio de sangre.
2.Recolección del barro.
3.Hacer polvo del barro.
4.Se pone a secar al Sol.
5.Se le echa el agua.
6.Se amasa.
7.Lo ponen sobre la rueda.
8.Comienza a moldearlo. Si se echa a perder lo hace de nuevo.
9.Proceso del pulido.
10.Diseños exclusivos donde pone su sello.
11.El horno final.

Lo que permite que lleve el sello y la firma del alfarero y no se rompa, es llevarlo al horno final para que se seque y esos diseños perduren. 

Nosotros tenemos un precio alto. El Alfarero divino, el Alfarero real nos hizo y por eso tiene que poner un sello, y conoce el Señor a los que son suyos. Eso tiene un sello. 

2a a Timoteo 2:19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 

El alfarero no comienza a trabajar el barro hasta que lo hace polvo, porque son los alfa y omega, son el principio y fin. Comenzó el hombre del polvo para volver a serlo. Si pierde o falla lo vuelven a hacer de nuevo, lo tiene que deshacer para hacer una vasija mejor. 

No es el barro que escoge al alfarero, es el alfarero que lo escoge con un propósito. El barro más dócil no es el que se amasa, sino primero se pisotea. El barro tiene que ser amasado de forma enérgica, para que no tenga vacíos ni áreas sin la cantidad necesaria de agua. 

Job 38:38 Cuando el polvo se ha convertido en dureza, y los terrones se han pegado unos con otros? 

Job 42:5-6 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza. 

Hasta que no nos hacen polvo nuestro yo, nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia, de su forma, de su religiosidad, de sus conceptos, Dios no comienza a trabajar. 

Génesis 2:7 Entonces Jehová Dios formo al hombre en el polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Génesis 3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.  

Aquí está hablando de la serpiente antigua que se llama Satanás. Sin Cristo uno es puro polvo y eso es lo que se come el Diablo. Pero también si la gente se queda solo en el proceso y se aleja de Él. El alfarero cuando hace polvo tiene algo bueno para el barro. 

EL ALFARERO QUE SE HIZO BARRO Y VASIJA POR AMOR A NOSOTROS 

Nuestro alfarero divino, para ser alfarero también se hizo barro. Y el fue la vasija de barro que tuvo que ser deshecha.

Job 19:25 Yo se que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; 

La victoria de Jesús es que Él venció a Satanás en la cruz del calvario cuando ocupó nuestra naturaleza, pero también por cuanto era el Hijo de Dios, resucitó de entre los muertos. Jesús es 100% Dios y 100% hombre.

Romanos 1: 4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.

En la resurrección de Jesús de entre los muertos intervinieron El Padre, el Espíritu Santo y Él mismo, por que el mismo Jesús dijo yo tengo poder para entregar mi vida y para volverla a tomar, por tanto Jesucristo no es una creación, es Dios.

Juan. 1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 

Juan. 1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 

Lo que quiere decir que El moría siendo Dios; pero la gente no lo miraba así. 

Isaías 53:3-5 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 

Simbólicamente cuando el barro está siendo hecho polvo, es molido, pues El fue molido por nuestros pecados. 

Mirando los dobles oficios de Jesús, vemos que El fue el Sembrador y también la Semilla que cayó a tierra y murió para dar fruto. Somos el fruto de Su aflicción. Es el Pastor, pero también el Cordero mudo que fue llevado al matadero. Es el Alfarero Divino y también la Vasija que tuvo que ser desecha, para que nosotros fuéramos reconstruidos. 

Nosotros éramos barro sin valor, vasijas sin valor, pero El fue la vasija, se hizo hombre y entró en la categoría de polvo, pero como era el Hijo de Dios, cuando murió no encontraron polvo, resucitó al tercer día. 

El barro para ser moldeado y darle la forma que el alfarero diseñó necesita de agua, no solo para el amasado sino en la rueda. La mano del alfarero tiene que estar húmeda juntamente con el barro. Si tiene mucha agua se daña, si tiene poca agua se daña. Si tiene mucha agua está muy blando y no soporta el proceso; pero si tiene poca agua se raja, se cuartea. 

El alfarero experimentado mide la humedad del barro con el tacto de su mano, si está muy seco o muy húmedo se echa a perder. 

Si no tenemos agua nos quedamos polvo y la serpiente come polvo, pero no una masa preparada por Dios, en las manos del Alfarero.

Juan 7:37-38 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzo la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 

Cristo es el Hijo, el Unigénito, el Primogénito del Padre, aquel que era el Verbo y que se hizo carne. Todo fue creado por medio de Él y para Él, todas las cosas en Él subsisten. Ese es nuestro Señor.  

El agua representa a Jesús, Él es el agua viva, pero también representa la Escritura, la Palabra de Dios. También representa a Dios Espíritu Santo. 

Cuando uno acepta a Jesús, inmediatamente comienza esa agua y el Espíritu Santo a trabajar en nosotros. Dice la Palabra que con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación, y Jesús dijo que el que lo confesare delante de los hombres, Él lo va a declarar o confesar delante de Su Padre, pero que al que lo niegue delante de los hombres, Él lo va a negar delante de Su Padre.

Entonces necesitamos venir al conocimiento de la Palara, al Espíritu Santo, pero también dejar entrar a Jesús, Él es el agua de vida. Si ya llegaste a Jesús ¿por qué te secas? Porque se necesita la Palabra, se necesita al Espíritu Santo. Si se pierde la comunión con el Espíritu Santo uno se seca.

Juan 4:13-14 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

¿Cómo adquirimos del agua del Señor? Dice la Palabra que no os embriaguéis con vino, en el cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu Santo. ¿Y cómo podemos ser llenos del Espíritu Santo, del agua? Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.  

Colosenses 3:16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, ensenándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

¿CÓMO ADQUIRIMOS EL AGUA DEL SEÑOR?

Hebreos 10:22-25 Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. 

Se acerca el día de Cristo, cuando el Señor viene por Su amada, pero también el día de Jehová, siete años de ira para el mundo nunca vistos. Esta es la enfermedad del último tiempo, barro seco, barro que se echó a perder, barro que le cayó agua sucia, agua extraña por andar buscando doctrinas extrañas.

Isaías 45:9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo moldea: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos?

CONCLUSIÓN

El secreto del barro consiste en que tenga la cantidad necesaria de agua. Además de un amasado enérgico, para que no tenga vacíos ni partes más húmedas o secas que otras. El valor nuestro no está en nosotros mismos, sino en el Alfarero que nos tomó para hacer una obra de arte. 

El Alfarero Divino tuvo que pagar el precio más alto, para comprar el campo de donde saca materia prima, el barro. Valemos demasiado, no es el barro que escoge al alfarero, es éste que lo escoge con un propósito. 

El barro más dócil no es el que se amasa solamente con las manos, sino que primero hombres lo pisotean con los pies. No nos están humillando, nos están preparando para ser dóciles. Si nos humillamos bajo la mano poderosa de Dios, Él nos va a exaltar. El inicio del trabajo con el barro es tomarlo para hacerlo polvo, al igual que el material del que fuimos hechos. Si te preguntas, ¿por qué Dios me tuvo que deshacer? es porque te está haciendo de nuevo. 

Dile: Señor no quiero dañarme por tener poca o mucha agua, dame la necesaria. Estoy en tus manos. Tú eres el Alfarero que sabes cuándo me falta agua o cuándo necesito más. 

Si hay personas que están pasando por una situación muy particular, es algo grande que Dios está haciendo contigo. Uno le pone precio a lo que ama, a lo que valora, a lo que le apasiona; y nuestro precio es el más alto. 
Apostol Fernando Ortíz Iglesia de Cristo Elim.
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