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Santidad
Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo.»
1 Pedro 1:15-16 
El poder secreto, la trascendencia y singularidad de lo divino. En la Biblia el termino tiene implicaciones morales y se refiere a la pureza y rectitud de Dios como también a aquello en él que provoca asombro y temor reverencial. En el cristianismo, los creyentes son llamados a reproducir la santidad de Dios en sus propias vidas con la ayuda del Espíritu Santo.

En este sentido, se refiere al ideal religioso propuesto al creyente. Involucra un mayor acercamiento a Dios y el logro de una disposición y carácter más auténticamente cristianos, i.e. , más parecidos a Cristo. Puede aplicarse a instituciones, para destacar su valor y merecimiento de respeto ( e.g. , la santidad del matrimonio o la familia).


Santidad - Douglas Tenney 


Por lo común es traducción de palabras derivadas de la raíz hebreo qadash y la raíz gr. hag-. El significado básico de qadash es separación o apartar. El gr. hag- es un equivalente de qadash, y su historia es similar.

Los términos santidad y santo no ocurren en Génesis (pero ver Gn 28:16-17). Sin embargo, desde (Ex 3:5) en adelante el concepto de santidad es constantemente subrayado. Dios es majestuoso en santidad (Ex 15:11); la santidad es lo que caracteriza las acciones de Dios (Isa 52:10), sus palabras y promesas (Sal 105:42),( Jer 23:9), su nombre (Lv 20:3),( 1 Cr 29:16) y su Espíritu (Sal 51:11; Isa 63:10-11; ver ESPIRITU SANTO). Los lugares son hechos santos por la presencia especial de Dios: su morada en el cielo (Dt 26:15), su manifestación sobre la tierra , el tabernáculo (Exo 40:9), el templo (, Jerusalén (Is 48:2) y Sion . Cualquier cosa apartada para usos sacros era santa: los altares y el mobiliario del tabernáculo (Ex 29:37),( Ex 30:10),( Ex 30:29), sacrificios de animales (Nm 18:17), comida (Lv 21:22), el diezmo (Lev 27:30), los primeros frutos (Lv 19:24),( Lv 23:20), toda cosa consagrada (Ex 28:38), el aceite de la santa unción y el incienso (Ex 30:23-25),( Ex 30:34-38). Las personas conectadas con lugares y servicios sagrados eran santas: los sacerdotes (Lev 21:1-6) y sus vestiduras (Ex 28:2),( Ex 28:4), Israel como nación (Jer 2:3), Israel individualmente (Dt 33:3) y muchas cosas asociadas con Israel (1 Cr 16:29). El tiempo dedicado a la adoración era santo (Ex 12:16),( Ex 16:23),( Ex 20:8),( Is 58:13).

Lo que en (Is 6:3) fue una revelación personal para el profeta, en (Ap 4:8) se proclama a todos desde los cielos con poder y gloria.

Dios es santo y verdadero (Ap 6:10). En una de sus oraciones, Jesús se dirigió a Dios de esta manera: Padre santo (Jn 17:11). Dios es santo y su pueblo debe ser santo (1 P 1:15, citando Lev 19:2). Los discípulos de Jesús deben orar para que el nombre de Dios sea tratado santamente (Mt 6:9),( Lc 11:2). La santidad de Jesucristo se subraya específicamente (Mr 1:24),( Lc 1:35),( Lc 4:34),( Jn 10:36),( Hch 3:14),(Hch 4:27),(Hch 4:30; comparar (Is 42:1-4 citado en (Mt 12:16-21),( He 2:11),( ap 3:7).

En el NT se desarrolla el concepto de la santidad de la iglesia. Al igual que en el AT, Jerusalén es santa (Mt 4:5),( Mt 27:53),( Ap 11:2), también lo es el templo (Mt 24:15),( hch 6:13) y el nuevo templo, la iglesia colectiva (Ef 2:21-22) e individualmente (1 Co 3:16-17). Esteban se refiere al monte Sinaí como tierra santa (Hch 7:33), y Pedro se refiere al monte de la Transfiguración como el monte santo (2 P 1:18). Las Escrituras son sagradas (Ro 1:2),( 2 Ti 3:15). La ley es santa (Ro 7:12). Si los lugares terrenales, sacerdotes, instrumentos de culto, sacrificios y servicios eran santos, mucho más lo son los celestiales (He 8:5). La iglesia es una nación santa (1Pe 2:9). El argumento en (Ro 11:11-32) establece el hecho de que la santidad de los cristianos gentiles estriba en que han brotado de la raíz de Isaí (Ro 11:16),( Ro 15:12). Cristo murió por la iglesia para santificarla . La iglesia como un todo, las iglesias locales y los creyentes individuales son santos, llamados...

santos (Ro 1:7),( 1 Co 1:2),( 2 Co 1:1),( Ef 1:1),( Fil 1:1),( Col 1:2),( santos es una traducción de hagioi). La vida del creyente debe ser un sacrificio vivo y santo (Ro 12:1), no sólo por medio de la muerte (Fil 2:17), sino con la vida misma (Phi 1:21-26). La santidad se equipara con la pureza (Mt 5:8),( Mt 23:26),( 1 Ti 1:5),( 2 Ti 2:22),( Tit 1:15),( Stg 1:27), una pureza que en( Hch 18:6 y 20:26 es inocencia. El medio para la purificación es la verdad de la Palabra de Dios (Jn 17:17). El beso santo en las iglesias primitivas, era una marca del compañerismo santo (1 Co 16:20),( 2 Co 13:12),( 1 Ti 5:26). La santidad es algo que sobresale en Apocalipsis, desde (Ap 3:7 hasta 22:11.

Santidad - Diccionario Mundo Hispano 


Por lo común es traducción de palabras derivadas de la raíz hebreo qadash y la raíz gr. hag-. El significado básico de qadash es separación o apartar. El gr. hag- es un equivalente de qadash, y su historia es similar.

Los términos santidad y santo no ocurren en Génesis (pero ver Isa 58:13).

Lo que en Rev 4:8 se proclama a todos desde los cielos con poder y gloria.

Dios es santo y verdadero (Rev 3:7).

En el NT se desarrolla el concepto de la santidad de la iglesia. Al igual que en el AT, Jerusalén es santa (Eph 5:26). La iglesia como un todo, las iglesias locales y los creyentes individuales son santos, llamados...

santos (Rev 3:7 hasta 22:11.

Santidad - Diccionario Perspicacia 


Cualidad o estado de santo; limpieza o pureza espiritual; condición de sagrado. El término hebreo original, qó·dhesch, transmite la idea de separación, exclusividad o santificación para Dios, quien es santo; la condición de estar apartado para Su servicio. En las Escrituras Griegas Cristianas, las palabras que se traducen “santo” (há·gui·os) y “santidad” (ha·gui·a·smós [también santificación]; ha·gui·ó·tes; ha·gui·o·sý·ne) se refieren asimismo a la condición de estar separados para Dios; se usan además para referirse a la santidad como una cualidad divina y a la pureza o perfección en la conducta de una persona.

Jehová. La cualidad de santidad pertenece a Jehová. (Éx 39:30; Zac 14:20.) Cristo Jesús llamó a Dios “Padre santo”. (Jn 17:11.) A los que están en los cielos se les representa diciendo de viva voz: “Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos”, atribuyéndole así santidad, limpieza en grado superlativo. (Isa 6:3; Rev 4:8; compárese con Heb 12:14.) Él es el Santísimo, superior a todos los demás en santidad. (Pr 30:3; la forma plural de la palabra hebrea que se traduce “Santísimo” aquí se usa para denotar excelencia y majestad.) Las palabras “La santidad pertenece a Jehová” aparecían grabadas en la brillante lámina de oro sobre el turbante del sumo sacerdote, como recordatorio constante para los israelitas de que Jehová es la Fuente de toda santidad. Esta lámina se llamaba “la santa señal de dedicación”, lo que mostraba que el sumo sacerdote estaba apartado para un servicio de santidad especial. (Éx 28:36; 29:6.) En la canción de victoria de Moisés después de la liberación a través del mar Rojo, Israel cantó: “¿Quién entre los dioses es como tú, oh Jehová? ¿Quién es como tú, que resultas poderoso en santidad?”. (Éx 15:11; 1Sa 2:2.) Como garantía adicional de que su palabra se llevará a cabo, Jehová incluso ha jurado por su santidad. (Am 4:2.)

El nombre de Dios es sagrado, apartado de toda profanación. (1Cr 16:10; Sl 111:9.) El nombre de Jehová tiene que ser tenido como santo, santificado sobre todos los demás. (Mt 6:9.) La falta de respeto a su nombre merece la pena de muerte. (Le 24:10-16, 23; Nú 15:30.)

Como Jehová Dios es quien ha dado origen a todos los principios y leyes justos (Snt 4:12) y es la base de toda santidad, cualquier persona o cosa que sea santa llega a serlo debido a estar relacionada con Él y su adoración. Nadie puede tener entendimiento o sabiduría a menos que tenga conocimiento del Santísimo. (Pr 9:10.) La única manera de adorar a Jehová es con santidad. Si alguien que afirma adorarle practica la inmundicia, resulta detestable a su vista. (Pr 21:27.) Cuando Jehová predijo que abriría una calzada para que su pueblo regresase a Jerusalén desde el exilio en Babilonia, dijo: “Será llamada el Camino de la Santidad. El inmundo no pasará por ella”. (Isa 35:8.) El pequeño resto que regresó en 537 a. E.C. fue de todo corazón a restaurar la adoración verdadera con buenos motivos, motivos santos, no por razones políticas o egoístas. (Compárese con la profecía de Zac 14:20, 21.)

Su espíritu santo. El espíritu o fuerza activa de Jehová esta sujeto a Su control y siempre lleva a cabo Su propósito. Es limpio, puro y santo, apartado por Dios para un uso provechoso. Por esa razón se dice que su espíritu es “santo” y es “el espíritu de santidad”. (Sl 51:11; Lu 11:13; Ro 1:4; Ef 1:13.) Cuando el espíritu santo actúa sobre una persona, se constituye en una fuerza que impele a actuar con santidad o limpieza. Todo comportamiento inmundo o impropio en algún sentido presupone resistir o “contristar” ese espíritu. (Ef 4:30.) Aunque es una fuerza impersonal, puede ser ‘contristado’ por cuanto es una expresión de la personalidad de Dios. Toda práctica impropia tiende a ‘apagar el fuego del espíritu’ (1Te 5:19), y si esa práctica continuase, el espíritu santo de Dios se ‘sentiría herido’, lo que resultaría en que Dios considerase a la persona manifiestamente rebelde como su enemigo. (Isa 63:10.) Quien contriste al espíritu santo podría incluso blasfemar contra él, un pecado que, según dijo Jesús, no será perdonado ni en este sistema de cosas ni en el venidero. (Mt 12:31, 32; Mr 3:28-30; véase ESPÍRITU.)

Jesucristo. Jesucristo es, en un sentido especial, el Santo de Dios. (Hch 3:14; Mr 1:24; Lu 4:34.) Debe su santidad al Padre, quien lo creó como Hijo unigénito, y conservó su santidad como la criatura celestial más allegada al Padre. (Jn 1:1; 8:29; Mt 11:27.) Cuando se transfirió su vida a la matriz de la muchacha virgen María, nació como un Hijo de Dios humano y santo. (Lu 1:35.) Ha sido el único ser humano que ha mantenido santidad perfecta y sin pecado, y que al fin de su vida terrestre todavía era “leal, sin engaño, incontaminado, separado de los pecadores”. (Heb 7:26.) Fue ‘declarado justo’ por mérito propio. (Ro 5:18.) Los demás humanos solo pueden obtener un estado de santidad ante Dios sobre la base de la santidad de Cristo, y dicho estado se consigue ejerciendo fe en su sacrificio de rescate. Esa es una “santísima fe”, y si se conserva, servirá para mantener a la persona en el amor de Dios. (Jud 20, 21.)

Otras personas. Se consideraba santos a todos los miembros de la nación de Israel debido a que Dios los había escogido y santificado al introducirlos como propiedad especial en una relación de pacto exclusivo con Él. Les dijo que si le obedecían serían “un reino de sacerdotes y una nación santa”. (Éx 19:5, 6.) Por medio de la obediencia, “verdaderamente [resultarían] santos a su Dios”. Dios los exhortó: “Deben resultar santos, porque yo Jehová su Dios soy santo”. (Nú 15:40; Le 19:2.) Las leyes dietéticas, sanitarias y morales que Dios les dio les recordaban constantemente su condición de separados y santos para Dios. Las restricciones que imponían estas leyes eran una fuerza poderosa que limitaba en gran manera la relación con sus vecinos paganos, y fue una protección para mantener santo a Israel. Por otro lado, si la nación desobedecía sus leyes, perdería su condición santa ante Dios. (Dt 28:15-19.)

Aunque Israel era santa como nación, a ciertos israelitas se les consideraba santos de una manera especial. Los sacerdotes, en particular el sumo sacerdote, estaban apartados para servir en el santuario y representaban al pueblo ante Dios. En esa calidad, eran santos y tenían que mantener la santidad con el fin de poder llevar a cabo su servicio y que Dios continuara viéndolos como santos. (Le 21; 2Cr 29:34.) Los profetas y otros escritores bíblicos inspirados eran hombres santos. (2Pe 1:21.) El apóstol Pedro llama “santas” a las mujeres de tiempos antiguos que fueron fieles a Dios. (1Pe 3:5.) Los soldados de Israel eran considerados santos durante una campaña militar, pues las batallas que peleaban eran las guerras de Jehová. (Nú 21:14; 1Sa 21:5, 6.) Todos los varones primogénitos de Israel eran santos para Jehová, ya que Jehová había librado de la muerte a los primogénitos cuando se celebró la Pascua en Egipto; le pertenecían a Él. (Nú 3:12, 13; 8:17.) Por esta razón, todos los hijos primogénitos tenían que ser redimidos en el santuario. (Éx 13:1, 2; Nú 18:15, 16; Lu 2:22, 23.) Una persona (hombre o mujer) que hiciera un voto de vivir como nazareo, era santo durante el período abarcado por el voto. Este tiempo se apartaba para dedicarlo completamente a algún servicio especial a Jehová. El nazareo tenía que observar ciertos requisitos legales, y si violaba alguno de ellos, quedaba inmundo. En ese caso tenía que hacer un sacrificio especial para recuperar su estado de santidad. Los días transcurridos antes de haberse hecho inmundo no contaban para su nazareato; debía empezar de nuevo a cumplir su voto. (Nú 6:1-12.)

Lugares. La presencia de Jehová puede santificar un determinado lugar. (Cuando se apareció a ciertos hombres, lo hizo por medio de ángeles en representación suya; Gál 3:19.) En la ocasión en la que Moisés estuvo frente a la zarza que ardía oyendo la voz de un ángel que le hablaba en representación de Jehová, se le dijo que estaba de pie en suelo santo. (Éx 3:2-5.) A Josué se le recordó que se hallaba sobre suelo santo cuando un ángel, el príncipe de los ejércitos de Jehová, se materializó ante él. (Jos 5:13-15.) Cuando Pedro recordó la transfiguración de Jesús y la voz de Jehová que entonces se oyó, llamó a aquel lugar “la santa montaña”. (2Pe 1:17, 18; Lu 9:28-36.)

El patio del tabernáculo era suelo santo. Según la tradición, los sacerdotes oficiaban descalzos porque tenían que acceder al santuario, lugar que estaba relacionado directamente con la presencia de Jehová. De hecho, los dos compartimientos del santuario tenían por nombre “el Lugar Santo” y “el Santísimo”, en orden de proximidad al arca del pacto. (Heb 9:1-3.) Igualmente el templo que más tarde se edificó en Jerusalén era santo. (Sl 11:4.) Debido a que el santuario y el “trono de Jehová” se hallaban en el monte Sión y en Jerusalén, respectivamente, se consideraba que ambos lugares eran santos. (1Cr 29:23; Sl 2:6; Isa 27:13; 48:2; 52:1; Da 9:24; Mt 4:5.)

Al ejército de Israel se le instó a mantener el campamento libre de excremento humano o de cualquier otro tipo de contaminación, “porque —se les dijo— Jehová tu Dios está andando en tu campamento [...] y tu campamento tiene que resultar santo, para que él no vea en ti nada indecente y ciertamente se aparte de acompañarte”. (Dt 23:9-14.) En este caso en concreto puede verse la relación de la limpieza física con la santidad.

Períodos de tiempo. Israel tenía apartados ciertos días o períodos de tiempo, que consideraban santos, no porque hubiese en ellos cierta santidad intrínseca o inherente, sino por ser sazones de observancia especial en la adoración de Jehová. Al apartar estos períodos, Dios pensaba en el bienestar y la edificación espiritual de su pueblo. Uno de esos períodos era el sábado semanal. (Éx 20:8-11.) En estos días el pueblo podía concentrar su atención en la ley de Dios y en enseñarla a sus hijos. Otros días de convocación santa o sábado eran: el primer día del mes séptimo (Le 23:24) y el Día de Expiación, que correspondía con el décimo día del mes séptimo. (Le 23:26-32.) Los períodos de fiesta, en particular ciertos días de dichos períodos, se observaban como “convocaciones santas”. (Le 23:37, 38.) Tales fiestas eran la Pascua y la fiesta de las tortas no fermentadas (Le 23:4-8), el Pentecostés o fiesta de las semanas (Le 23:15-21) y la fiesta de las cabañas o de la recolección. (Le 23:33-36, 39-43; véase CONVOCACIÓN.)

Además, cada séptimo año era un año sabático, un año completo de santidad. Durante el año sabático tenía que dejarse sin cultivar la tierra; esta provisión, al igual que la del sábado semanal, daba a los israelitas aún más tiempo para estudiar la ley de Jehová, meditar en ella y enseñarla a sus hijos. (Éx 23:10, 11; Le 25:2-7.) Finalmente, cada quincuagésimo año se celebraba un Jubileo, al que también se consideraba santo. Este también era un año sabático, pero además permitía que la nación se recuperase económicamente hasta alcanzar la condición teocrática que Dios había provisto cuando se repartió la tierra. Era un año santo de libertad, descanso y refrigerio. (Le 25:8-12.)

Jehová mandó a los de su pueblo que ‘afligiesen sus almas’ en el Día de Expiación, un día de “convocación santa”. Esto significaba que deberían ayunar, reconocer y confesar sus pecados y sentir un pesar piadoso por haberlos cometido. (Le 16:29-31; 23:26-32.) Pero ningún día santo para Jehová tenía que ser un día de llanto y tristeza para su pueblo. Más bien, aquellos días tenían que ser de regocijo y de alabanza a Jehová por sus maravillosas provisiones, gracias a su bondad amorosa. (Ne 8:9-12.)

El día de descanso santo de Jehová. La Biblia nos muestra que Dios procedió a descansar de sus obras creativas hace unos seis mil años, y declaró ese séptimo “día” como sagrado o santo. (Gé 2:2, 3.) El apóstol Pablo indicó que este gran día de descanso de Jehová era un período de tiempo largo, pues dijo que todavía estaba en curso, y mencionó que los cristianos podían entrar en su descanso por medio de fe y obediencia. Como día santo, sigue siendo un tiempo de alivio y regocijo para los cristianos incluso en medio de un mundo fatigado y afligido por el pecado. (Heb 4:3-10; véase DÍA.)

Objetos. Había ciertas cosas que se apartaban para usarlas en la adoración. Estas llegaban a ser santas debido a que habían sido dedicadas o santificadas para el servicio de Jehová, pero no tenían santidad inherente, de modo que se las pudiese utilizar como amuleto o fetiche. Por ejemplo, uno de los principales objetos santos, el arca del pacto, no les sirvió de amuleto a los dos hijos inicuos de Elí cuando la llevaron con ellos a la batalla contra los filisteos. (1Sa 4:3-11.) Entre las cosas que se santificaron por decreto de Dios estaban: el altar de sacrificio (Éx 29:37), el aceite de la unción (Éx 30:25), el incienso especial (Éx 30:35, 37), las prendas de vestir del sacerdocio (Éx 28:2; Le 16:4), el pan de la proposición (Éx 25:30; 1Sa 21:4, 6) y todos los enseres del santuario. Estos últimos artículos eran: el altar de oro del incienso, la mesa del pan de la proposición y los candelabros, junto con sus utensilios. Muchos de estos objetos se mencionan en 1 Reyes 7:47-51. Estas cosas eran santas también en un sentido mayor, debido a que eran modelos de cosas celestiales y servirían de manera típica para el beneficio de aquellos que iban a heredar la salvación. (Heb 8:4, 5; 9:23-28.)

A la Palabra escrita de Dios se la llama “las santas Escrituras” o “santos escritos”. Se escribió bajo la influencia del espíritu santo y tiene el poder de santificar o hacer santos a aquellos que obedecen sus mandamientos. (Ro 1:2; 2Ti 3:15.)

Animales y productos agrícolas. Los primogénitos machos del ganado vacuno, lanar y cabrío se consideraban santos para Jehová, y no tenían que redimirse. Debían sacrificarse, y una porción se destinaba a los sacerdotes, quienes estaban santificados. (Nú 18:17-19.) Los primeros frutos y el diezmo eran santos, y también lo eran todos los sacrificios y todas las dádivas santificadas para el servicio del santuario. (Éx 28:38.) Todas las cosas santas para Jehová eran sagradas, y no se podían considerar a la ligera o usarse de una manera común o profana. Un ejemplo de ello es la ley concerniente al diezmo. Por ejemplo, si un hombre apartaba el diezmo de su cosecha de trigo, y luego él u otro de su casa tomaba sin querer algo de ello para uso doméstico, como pudiera ser para cocinar, esa persona era culpable de violar la ley de Dios con respecto a las cosas santas. La Ley requería que hiciera compensación al santuario de una cantidad igual más el 20%, y además tenía que ofrecer como sacrificio un carnero sano del rebaño. De esta manera se generaba un gran respeto por las cosas santas que pertenecían a Jehová. (Le 5:14-16.)

Santidad cristiana. El Caudillo de los cristianos, el Hijo de Dios, nació en santidad (Lu 1:35), y mantuvo esa santificación o santidad durante toda su vida terrestre. (Jn 17:19; Hch 4:27; Heb 7:26.) Su santidad era completa, perfecta, y saturaba todos sus pensamientos, palabras y acciones. Al mantener su santidad incluso hasta el punto de sufrir una muerte sacrificatoria, hizo posible que otros alcanzasen la santidad. En consecuencia, el llamamiento para seguir sus pasos es un “llamamiento santo”. (2Ti 1:9.) Los que reciben ese llamamiento llegan a ser los ungidos de Jehová, los hermanos espirituales de Jesucristo, y se les llama “santos” o “consagrados”. (Ro 15:26; Ef 1:1; Flp 4:21; compárese con NBE.) Reciben santidad ejerciendo fe en el sacrificio de rescate de Cristo. (Flp 3:8, 9; 1Jn 1:7.) De modo que la santidad no es inherente en ellos o no les pertenece a ellos por su propio mérito, sino que les llega a través de Jesucristo. (Ro 3:23-26.)

Las muchas referencias bíblicas a miembros vivos de la congregación identificados como “santos” o “consagrados” (NBE) hacen patente que una persona no es santificada o “consagrada” por los hombres o por una organización, ni tiene que esperar hasta después de la muerte para que le hagan “santo” o “santa”. Es “santo” en virtud del llamamiento de Dios para ser coheredero con Cristo. Es santo a los ojos de Dios mientras está sobre la Tierra, con la esperanza de vida celestial en el reino de los espíritus, donde moran Jehová Dios, su Hijo y los santos ángeles. (1Pe 1:3, 4; 2Cr 6:30; Mr 12:25; Hch 7:56.)

La conducta limpia es esencial. Los que tienen esta posición santa ante Jehová se esfuerzan, con la ayuda del espíritu de Dios, por alcanzar la santidad de Dios y de Cristo. (1Te 3:12, 13.) Esto exige estudiar la Palabra de verdad de Dios y aplicarla a su vida. (1Pe 1:22.) Requiere responder a la disciplina de Jehová. (Heb 12:9-11.) De ello se deriva que si una persona es genuinamente santa, seguirá un proceder de santidad, limpieza y rectitud moral. Se exhorta a los cristianos a que presenten sus cuerpos a Dios como sacrificio santo, tal como los sacrificios aceptables que se presentaban en el antiguo santuario también eran santos. (Ro 12:1.) El ser santos en conducta es un mandamiento: “De acuerdo con el Santo que los llamó, háganse ustedes mismos santos también en toda su conducta, porque está escrito: ‘Tienen que ser santos, porque yo soy santo’”. (1Pe 1:15, 16.)

Los que llegan a ser miembros del cuerpo de Cristo son “conciudadanos de los santos y son miembros de la casa de Dios”. (Ef 2:19.) Pasan a ser un templo santo de piedras vivas para Jehová, y constituyen “un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo para posesión especial”. (1Pe 2:5, 9.) Tienen que limpiarse de “toda contaminación de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. (2Co 7:1.) Si un cristiano tiene hábitos que contaminan o dañan su cuerpo carnal, o lo hacen sucio o inmundo, o si sigue una doctrina o moralidad que va en contra de la Biblia, significa que no ama ni teme a Dios y se está apartando de la santidad. No se puede llevar a cabo la inmundicia y al mismo tiempo permanecer santo.

Las cosas santas deben tratarse con respeto. Si un miembro de la clase del templo usara su cuerpo de manera inmunda, no solo se contaminaría y dañaría a sí mismo, sino también al templo de Dios, y, como se dijo, “si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo, el cual son ustedes”. (1Co 3:17.) Se ha de tener presente que esa persona ha sido redimida mediante la sangre del Santo de Dios. (1Pe 1:18, 19.) Sufrirá el castigo divino cualquiera que use indebidamente lo que Jehová determina que es santo, sea su propio cuerpo u otra cosa dedicada a Él, o que haga daño o cometa un delito contra otra persona que para Dios es santa. (2Te 1:6-9.)

Dios reveló a Israel su actitud concerniente a tal uso profano de sus posesiones santas. Esto se ve en su ley que prohibía que aquellos que estaban bajo la ley mosaica dieran un uso común o profano a cosas apartadas como santas, cosas como las primicias y el diezmo. (Jer 2:3; Rev 16:5, 6; Lu 18:7; 1Te 4:3-8; Sl 105:15; Zac 2:8.) También se ve en el castigo que Dios trajo sobre Babilonia por el uso incorrecto y malicioso que dio a los vasos de su templo y a la gente de su nación santa. (Da 5:1-4, 22-31; Jer 50:9-13.) En vista de esta actitud de Dios, se recuerda repetidas veces a los cristianos la necesidad de tratar con amor y bondad a los santos de Jehová, es decir, los hermanos espirituales de Jesucristo, y se les alaba por ello. (Ro 15:25-27; Ef 1:15, 16; Col 1:3, 4; 1Ti 5:9, 10; Flm 5-7; Heb 6:10; compárese con Mt 25:40, 45.)

Dios les imputa santidad. Dios también consideró santos a los hombres y mujeres fieles que vivieron antes de que Jesús llegara y abriese el camino a la vida celestial. (Heb 6:19, 20; 10:19, 20; 1Pe 3:5.) Igualmente, una “gran muchedumbre” que no es parte de los 144.000 “sellados” puede disfrutar de santidad ante Dios. A estos se les ve con prendas de vestir limpias, lavadas en la sangre de Cristo. (Rev 7:2-4, 9, 10, 14; véase GRAN MUCHEDUMBRE.) Al debido tiempo, todos los que viven en el cielo y sobre la Tierra serán santos, pues “la creación misma también será libertada de la esclavitud a la corrupción y tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios”. (Ro 8:20, 21.)

Jehová bendice la santidad. La santidad de una persona implica un mérito concedido por Dios que repercute en la santificación de su familia. Así que si una persona casada es un cristiano santo a la vista de Dios, su cónyuge y los hijos de esta unión, en caso de no ser siervos dedicados de Dios, se benefician del mérito del que es santo. Por esa razón, el apóstol Pablo recomienda: “Si algún hermano tiene esposa incrédula, y sin embargo ella está de acuerdo en morar con él, no la deje; y la mujer que tiene esposo incrédulo, y sin embargo él está de acuerdo en morar con ella, no deje a su esposo. Porque el esposo incrédulo es santificado con relación a su esposa, y la esposa incrédula es santificada con relación al hermano; de otra manera, sus hijos verdaderamente serían inmundos, pero ahora son santos”. (1Co 7:12-14.) El cónyuge limpio, creyente, no se hace inmundo debido a sus relaciones con el cónyuge no creyente, y la familia como un todo no es considerada inmunda a los ojos de Dios. Además, la asociación del creyente con la familia provee a cualquier familiar que no sea creyente muchas oportunidades de hacerse creyente, rehacer su personalidad y presentar su cuerpo “como sacrificio vivo, santo, acepto a Dios”. (Ro 12:1; Col 3:9, 10.) La atmósfera limpia y santa que el creyente que sirve a Dios puede promover resulta en bendición para la familia. (Véase SANTIFICACIÓN [En el matrimonio].)


santidad - Diccionario Español 


(Del lat. sanctitas, -atis).

1. f. Cualidad de santo.

2. f. Tratamiento honorífico que se da al Papa. ORTOGR. Escr. con may. inicial.

Agradando a Dios en nuestra manera de vestir 




verdades espirituales que lo guiarán
 en el momento de elegir cómo vestirse



¿Es usted Cristiano? Si es así, este mensaje es para usted. Este mensaje no va dirigido a alguien con poco o ningún interés en hacer la voluntad de Dios en su vida. Si usted perteneces a Cristo, ¡ya no es la persona que solía ser! La Palabra de Dios dice que usted es una nueva persona interiormente. El apóstol Pablo escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Además, usted debe continuar el proceso de cambio –un cambio de lo que fue una vez en pecado, a lo que Dios quiere que sea en Cristo. Observe como esta transformación debe ser profunda y se espera que ocurra: “que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios, 4:22-24). ¿Qué quiere decir esto? Nosotros tenemos que abandonar el antiguo “yo” del pecado y vestirnos del nuevo “yo” de la rectitud (1 Pedro 2:24).

Modesty
Agradando a Dios en nuestra manera de vestir

Esto significa que Dios quiere que usted empiece una forma ¡totalmente nueva de vida! Él le entrega el Espíritu Santo para que usted posea la fortaleza de vivir para Él y le obedezca (Romanos :13; Efesios.3:16). Dios lo guiará a:
◾Una nueva forma de pensar (Romanos. 12:2)
◾Una nueva forma de hablar (Efesios. 4:29)
◾Una nueva forma de relacionarse con los demás (Lucas 6:24)
◾Una nueva forma de leer (Filipenses. 4:8 )
◾Una nueva forma de comer (1 Corintios. 10:31)
◾Una nueva forma de disponer de su tiempo (Efesios. 5:15-16)
◾Una nueva forma de utilizar su dinero (2 Corintios. 8:3-5; 9:6-7)
◾Una nueva forma de ver la vida (2 Corintios. 4:12-18)

Discutamos otro aspecto de su vida que Dios desea cambiar. El Señor quiere cambiar su apariencia. Por un lado, Dios desea que usted tome la iniciativa de realizar el cambio–pero Él le dará la fortaleza y la habilidad para hacerlo a fin de que usted pueda agradarle (Filipenses. 2:13-14; Hebreos, 13:21). Aquellos que están en el mundo alrededor suyo no podrán entender esta perspectiva ya que están controlados por sus propios deseos personales y los modelos de la sociedad que los rodea. Sin embargo, el verdadero cristiano estará interesado en la voluntad de Dios contenida en la Biblia. ¿Porqué quiere Dios que usted transforme su apariencia? (La mayor parte de lo que discutiremos se refiere específicamente a la mujer pero los principios se aplican igualmente para el hombre).

Modesty
Agradando a Dios en nuestra manera de vestir

(1) Debe vestirse para agradar al Señor

Pablo dice que debemos tener como nuestra ambición “ser agradables a Él” (2 Corintios. 5:9). Esto significa que en todo lo que hacemos, incluyendo la forma en que nos vestimos, debemos complacer al Señor en lugar de hacerlo para nosotros mismos (2 Corintios. 5:15). Pedro escribe que el adorno de la mujer “no debe ser externo” sino que debe preocuparse por “el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.” (1 Pedro 3:3-4). ¿Le preocupa a usted realmente cómo glorificar a Dios en su forma de vestir, o le preocupa más agradarse a sí mismo y a otras personas? ¿Está usted decidido a buscar lo que es “precioso” a los ojos de Dios–en lugar de lo que es deseable a los ojos de otros? Recuerde que aquellos hombres y mujeres de Dios en quienes usted se interesa (miembros de la familia eterna del Padre) verán sus cualidades espirituales interiores en lugar del atractivo externo.

(2) Debe vestirse de manera modesta y discreta

Debe escoger su ropa sabiamente y en armonía con las directivas de las Santas Escrituras. Por ejemplo, Pablo escribe “que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia” (1 Timoteo. 2:9). Esto significa que usted no debe usar ropa ceñida, sexy, o transparente. No debe exponer su cuerpo ante los demás, ya que la ropa está hecha para esconder no para revelar. ¿Qué podemos decir de los shorts, vestidos cortos, blusas sin mangas, ropas de baño, cuellos muy escotados, y ropas de este tipo están diseñadas? ¿Son para revelar o para cubrir el cuerpo de la mujer?



(3) No debe vestirse con ropas costosas

Muchas mujeres (y hombres) gastan demasiado dinero en ropa. Pablo dice que nosotros no debemos estar ataviados con “vestidos costosos” (1 Timoteo. 2:9). Las personas generalmente gastan mucho dinero en ropas cuando quieren impresionar a los demás y esto en sí mismo no es digno del Cristiano. Considere hacer sus propios vestidos y otras ropas o tener una hermana en el Señor que le ayuda a hacerlos. La Sagrada Escritura también nos previene contra los adornos hechos de “oro o perlas” (1 Timoteo 2:9) o “joyas de oro” (1 Pedro 3:3). Piense en los anillos, brazaletes, collares, aretes, prendedores, y otras joyas usadas para llamar la atención o vernos importantes o físicamente atractivos. Alégrese con una apariencia natural, simple y sencilla que llame la atención de los demás hacia Dios y sus cualidades interiores en lugar de la apariencia física externa.

(4) No debe vestirse para ser admirada por las demás mujeres o sexualmente deseada por los hombres

Usar ropa significa cubrir nuestro cuerpo en una forma sencilla y simple. No significa crear envidia en otra hermana. La ropa tampoco debe ser usada para hacer crecer el deseo de la carne en el corazón del sexo opuesto. Jesús dijo: “Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mateo. 5:28). Él dijo que si el ojo nos es ocasión de pecar, debemos arrancarlo y echarlo de nosotros; porque es mejor esto a que seamos arrojados al infierno (vv. 29-30). Ama a los demás de tal manera que no generes envidia o deseo en los otros. Si usted causa el pecado en los demás por su apariencia, usted se convierte en sí misma en motivo de pecado para otros (Lucas 17: 1-2).



(5) Use ropa que identifique claramente tu propio sexo 

En el principio; Dios creo “varón y mujer” (Génesis 1:27) y Él quiere que los hombres y las mujeres se muestren ¡como hombres y mujeres! Dios dijo en su ley “La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer; porque cualquiera que hace esto es abominación al Señor tu Dios.” (Deuteronomio. 22:5). Esto no es sólo para el antiguo testamento, sino que también es válido para el Nuevo Testamento, con Cristo, Dios quiere una distinción precisa del género. Tradicionalmente, en el mundo occidental, esto significa que “el hombre usa pantalones” y se muestra en una forma masculina. La mujer generalmente ha expresado su feminidad usando vestidos modestos. Además, hasta hace poco, las mujeres del mundo se han adornaron con joyas de todos los tipos. Sin embargo, en nuestros días muchos hombres del mundo se muestran afeminados usando aretes y otras joyas. Dios dice que mostrarse como el sexo opuesto es una “abominación” (Deuteronomio. 22:5). A pesar de que la tendencia unisex de las últimas dos generaciones ha servido para confundir las distinciones masculino-femenino, los Cristianos deben determinar usar ropas que claramente identifiquen a su propio género y sean testigos de la voluntad de Dios, en un mundo corrupto y que desafía a Dios (Gal. 1:4; 1 Pedro 4:2-4). 

(6) Cuidado con su peinado 

El cabello es uno de los principales “dioses” en la vida de muchas personas. Hay revistas que se dedican íntegramente a los peinados. En la actualidad hay gran demanda de peinadores. Cuando se escribió la Biblia, las mujeres de moda en el mundo Romano arreglaban su cabello con un tocado recargado e incluso teñían su cabello. Debido a esto, tanto Pablo como Pedro escribieron que la mujer no debe adornar su cabello en una forma ostentosa (1 Timoteo 2:9; 1 Pedro 3:3). Seguramente el propósito de estos pasajes sería rechazar los peinados mundanos y artificiales populares hoy en día, así como el teñido del cabello y cualquier otro medio de buscar “la aprobación del hombre en lugar de la aprobación de Dios” (Juan 12:43). Debemos ademas considerar el uso de un velo para cubrirse la cabeza que está relacionada a la sumisión femenina que Pablo discute en 1 Corintios 11: 2-16.



(7) Tenga cuidado el largo de cabello según la tendencia unisex 

Cuando las mujeres empezaron a cortarse el cabello varias generaciones atrás, la práctica creó un escándalo. Cuando los hombres empezaron a dejarse crecer el cabello largo en los años 1960, esto también creo un escándalo. La Biblia habla al respecto: “¿No os enseña la misma naturaleza que si el hombre tiene el cabello largo le es deshonra, pero que si la mujer tiene el cabello largo le es una gloria? Pues a ella el cabello le es dado por velo” (1 Corintios. 11:14-15). Pablo también dijo que “es deshonroso para la mujer cortarse el cabello” (v. 6). En pocas palabras, el hombre debe tener cabello corto y la mujer cabello largo. El hombre debe verse como hombre y la mujer como mujer. ¡Es vergonzoso para los hombres y las mujeres parecerse al sexo opuesto! Una mujer puede preguntar, “¿Qué tan largo es largo?” Considere los ejemplos de María de Betania (Juan 12:3) y la mujer en la casa del fariseo (Lucas 7:37-39,44). Ambas mujeres tuvieron el cabello bastante largo para secar los pies de Jesús. Hermanas, decídanse a verse como mujeres y dejen que su cabello crezca largo. Hermanos, decídanse a verse como hombres y córtense el cabello con regularidad.

(8) Evite cualquier práctica de apariencia mundana, profana, indisciplinada y distinta a Cristo

No se conforme a este mundo (Romanos. 12:1). Propóngase vivir en absoluta santidad (Hebreo. 12:14). Practique un estricto autocontrol (1 Corintios. 9:24-27). Comprométase a caminar como Jesús lo hizo (1 Juan 2:25). Esta perspectiva sincera tendrá implicaciones en nuestra apariencia. Considere cuidadosamente: ¿Qué hay acerca de las prácticas mundanas de uñas largas y pintadas? ¿Qué es lo que dice Jesús acerca de los tatuajes y perforarse el cuerpo? Podría una mujer devota y santa aceptar usar lápiz labial brillante y maquillaje? ¿Los zapatos de tacón alto comunican realmente un comportamiento modesto? ¿El hecho de tener sobrepeso da la apariencia de auto control, temperamento y auto disciplina? ¿Que hay acerca de usar colores llamativos, modelos raros y artículos de moda? Los principios Bíblicos le ayudarán a que usted misma pueda responderse.



(9) Tenga cuidado de influenciar a los otros con su forma de vestir 

Las ropas en la actualidad “dan un mensaje” a los demás. La mayoría de fotos y mensajes que van en las camisas, sudadera, casacas, y gorras dan mensajes que son cuestionables en el menor de los casos y negativos en la mayoría de ellos. Muchos tienen que ver con deportes, rock, música popular, cerveza, inmoralidad sexual. Incluso los anuncios publicitarios pueden llevar mensajes equivocados. Es mejor evitar este tipo de fotos y mensajes a fin de no ofender a los demás. Si algún mensaje es transmitido, que sea un mensaje distintivo de moral Cristiana. Sea un ejemplo de bien para los demás (1 Timoteo. 4:12; Tito 2:7). 



Conclusion

Un verdadero Cristiano forma parte de un movimiento anti-cultural. Nosotros no pensamos, hablamos, hacemos planes, leemos, comemos, o vestimos como la sociedad pecadora alrededor de nosotros. Dios “nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado” (Colosenses 1:13). Del mismo modo en que nuestras palabras revelan nuestro corazón (Mateo. 12:34), nuestra apariencia revela nuestra persona interior (1 Pedro 3:3-4). Dios dice que la gente ve la apariencia externa pero Dios ve el corazón (1 Samuel 16:7). Él quiere que nosotros tengamos un corazón verdaderamente enamorado de Él y que nos motivará a ser personas transformadas. Incluso nuestra apariencia debe ser pura y santa – contraria al mundo que nos rodea que está distorsionado y que está bajo el justo juicio de Dios. Decidamos, orando mucho, darle a Dios todo lo que tenemos y somos a través de Cristo y hacer los cambios radicales necesarios para vernos como sus hijos en el mundo.

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