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Judas
Judas Iscariote.

(Siglo I) Apóstol de Jesús. Como uno más de los apóstoles de Jesús de Nazaret, Judas siguió a su maestro durante su predicación por Palestina y, según los Evangelios, fue el traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían prender a su Maestro sin que sus seguidores interfiriesen, tal como el propio Jesús había anunciado en la Santa Cena. Él mismo fue quien dirigió a los guardias que arrestaron a Jesús y les indicó quién era besándole. 
​Por su traición fue recompensado con treinta denarios, pero al poco tiempo se arrepintió de sus actos, intentó devolver las monedas a los sacerdotes que se las habían dado, y al no aceptarlas éstos, las arrojó en el templo. Luego, desesperado ante la magnitud de su delación, se suicidó ahorcándose de un árbol. Por ello, la figura de Judas ha pasado a la tradición cristiana posterior convertida en la del traidor por antonomasia.
   
Con el paso de los siglos se añadieron a su historia elementos novelescos. En la Leyenda áurea, una famosa colección de vidas y leyendas de santos de mediados del siglo XIII compuesta por Jacobo de Voragine, aparecen, insertos en la Vida de San Mateo, nuevos datos no contenidos en los Evangelios sobre la vida de Judas antes de conocer a Jesús. En ellos se basó un compilador anónimo del siglo XIV para componer una obra titulada Leggenda di Giuda (Leyenda de Judas), que fue conocida en toda Europa aunque sin alcanzar gran popularidad, quizás por la persistente conciencia de su origen literario. 

Probablemente a causa de la instintiva tendencia a la concentración de las culpas en tipos representativos, la historia de Judas acabó tomando motivos del antiguo mito griego de Edipo: en la Leggenda di Giuda se cuenta que los padres de Judas, Rubén y Ciborea, decidieron abandonar a las olas del mar a su hijo recién nacido porque en sueños habían sido advertidos de que causaría la ruina de su pueblo. Pero el niño no pereció ahogado, sino fue a parar a la isla Iscariote, de donde viene el nombre de Judas Iscariote. Educado por la reina del lugar, fue creciendo hasta que mató al hijo de su bienhechora, tras lo cual huyó a Jerusalén, donde entró al servicio de Poncio Pilato. 

Un día Pilato le ordenó que le trajese unas frutas; para obtenerlas, Judas mató al dueño del huerto, que no era otro que su padre, Rubén. Pilatos lo nombró heredero del muerto y lo casó con su viuda. Cuando Judas descubrió el parricidio y el incesto con el que se había manchado, se hizo discípulo de Jesucristo para redimirse; pero pronto se dedicó a robar el dinero que el Maestro le confiaba y finalmente, por codicia, lo traicionó. Al arrepentirse de ello se ahorcó, y su cuerpo reventó esparciendo por el suelo sus entrañas a fin de que el espíritu malvado no saliese por la boca que había besado a Cristo. 
(Siglo I) Apóstol de Jesús. Como uno más de los apóstoles de Jesús de Nazaret, Judas siguió a su maestro durante su predicación por Palestina y, según los Evangelios, fue el traidor que reveló a los miembros del Sanedrín el lugar donde podían prender a su Maestro sin que sus seguidores interfiriesen, tal como el propio Jesús había anunciado en la Santa Cena. Él mismo fue quien dirigió a los guardias que arrestaron a Jesús y les indicó quién era besándole. 
"Judas Iscariote", o "Ish Keriot", "un hombre de Keriot", o "Queriot" que es una ciudad de Judá (Jos.15:21-25). Así, resulta ser que solamente este apóstol era originario de Judea, en tanto que todos los demás, eran galileos.

Cuando era un muchacho, sus padres se mudaron a Jericó, donde vivió y estuvo trabajando en las diversas empresas comerciales de su padre, hasta que se interesó por la predicación y la obra de Juan el Bautista. Los padres de Judas eran saduceos, y repudiaron a su hijo cuando éste se unió a los discípulos de Juan.

Cuando Natanael lo encontró en Tariquea, Judas estaba buscando trabajo en una empresa desecadora de pescado en el extremo sur del Mar de Galilea. Tenía treinta años y estaba soltero cuando se unió a los apóstoles. Era probablemente el más instruido de los doce y el único judío de la familia apostólica del Maestro. Judas no tenía ningún rasgo destacado de virtud personal, aunque poseía exteriormente muchas características aparentes de cultura y de buena educación. Era un buen pensador, pero no siempre un pensador verdaderamente honrado. Judas no se comprendía en realidad a sí mismo; no era realmente sincero consigo mismo.
Andrés nombró a Judas tesorero de los doce, un puesto para el que estaba eminentemente preparado, y hasta el momento de traicionar a su Maestro, cumplió con las responsabilidades de su cargo de manera honesta, fiel y con la mayor eficacia.

¿Cómo murió Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesús?

Cualquiera a quien se le pregunte y tenga conocimientos mínimos sobre cristianismo referirá que Judas, arrepentido por haber entregado al Maestro en mano de sus enemigos, no pudo soportar la angustia de este recuerdo, y desesperado se ahorcó.

San Mateo es el único evangelista que relata los detalles de su muerte, de esta manera: Entonces Judas, al ver que lo habían condenado, aturdido por el remordimiento, devolvió las 30 monedas de plata a los Sumos Sacerdotes y a los ancianos, diciendo: «He pecado, entregando a un hombre inocente». Pero ellos le contestaron: «Y a nosotros ¿qué nos importa? Eso es cosa tuya». Entonces Judas tiró las monedas en el Templo, fue y se ahorcó.

¿Qué hicieron los Sumos Sacerdotes con ese dinero? Recogieron las monedas continúa Mateo y dijeron: «Este dinero está manchado de sangre. No podemos ponerlo en la alcancía de las ofrendas». Y después de deliberar, compraron con él un terreno llamado el Campo del Alfarero, para que sirviera de sepultura a los extranjeros. Por esta razón ese campo se llama Campo de Sangre hasta el día de hoy (Mt 27,3-8).

Pero ¿la muerte de Judas sucedió realmente de esta manera? No lo dudaríamos si no fuera porque otro libro del Nuevo Testamento, Los Hechos de los Apóstoles, nos da una información totalmente distinta.
Cuenta este libro que cuando los Apóstoles quisieron buscar un sucesor para Judas, a fin de volver a completar el número de los Doce, Pedro pronunció un discurso y dijo: Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, en la que el Espíritu Santo, por medio de David, había dicho ya acerca de Judas, que fue el guía de los que apresaron a Jesús. Pues Judas era uno de los nuestros, y obtuvo un puesto en este ministerio. Pero fue y compró una finca con el dinero que le pagaron por su maldad. Luego cayó de cabeza, se reventó por el medio y se derramaron todos sus intestinos. Cuando los habitantes de Jerusalén lo supieron, llamaron a aquella finca «Acéldama», que en su lengua quiere decir «Campo de Sangre» (Hch 1,16-19).

Tenemos, pues, dos versiones distintas sobre la muerte del Iscariote:

a) Mientras Mateo habla de un suicidio, Hechos más bien dice que se trató de un accidente: se cayó y su cuerpo se reventó contra el suelo.

b) Mateo afirma que Judas se arrepintió de su traición y fue a devolver las 30 monedas a los sacerdotes. En Hechos, en cambio, no hubo arrepentimiento ni devolución del dinero.

c) Según Mateo, con las monedas devueltas por Judas los sacerdotes adquirieron el campo de un alfarero, y lo usaron como cementerio para los judíos extranjeros que morían en Jerusalén. Hechos, en cambio, afirma que quien compró el campo fue el mismo Judas.

d) Mateo puntualiza que el campo adquirido por los sacerdotes era un terreno desértico (en griego = agrón). Mientras que Hechos aclara que era una finca (en griego = joríon), donde Judas encontró una espantosa muerte, precipitándose quizás desde el techo de la casa.

e) Para Mateo el misterioso nombre de"Campo de Sangre alude a la muerte de Jesucristo (ya que fue comprado con el dinero de su venta). Para Hechos, el nombre alude a la muerte de Judas (ya que allí había fallecido trágicamente el pobre apóstol).

Como se ve, son muchas las diferencias entre los dos relatos. Algunos han intentado hacerlos coincidir, diciendo por ejemplo que la cuerda o la rama del árbol pudieron haberse roto, y al caer el cuerpo se destrozó contra el suelo. Pero para que esto sucediera debió haberse ahorcado de un árbol muy alto, ya que es imposible que el cuerpo se reventara cayendo de baja altura. Y en Palestina no existen árboles tan altos.

Otros, con más imaginación, han sugerido que Judas posiblemente se ahorcó de un árbol plantado en el borde de un precipicio. Y al romperse la cuerda o la rama, su cuerpo se despedazó contra el fondo del valle.

De ser así, el cuerpo de Judas debería haber caído con los pies para abajo, tal como estaba colgado. Sin embargo, como vimos recién, Pedro asegura que Judas cayó de cabeza" (Hch 1,18). Esto es imposible, a menos que se hubiera ahorcado de los pies.

De todos modos las divergencias mencionadas vuelven irreconciliables a ambos relatos, y han hecho fracasar los numerosos intentos de armonización. ¿Cómo nacieron estos dos relatos de la muerte de Judas?

El origen de la leyenda

Para comprender la versión contada en los Hechos de los Apóstoles, es necesario tener en cuenta, ante todo, que los primeros cristianos no olvidaron jamás la deplorable actitud de Judas. ¿Cómo pudo entregar al Maestro? ¿Por qué desencadenó, con su beso traidor, la sangrienta pasión que lo llevó a la cruz? Semejante perfidia, pensaban todos, merecía un castigo ejemplar de Dios.

Ahora bien, en el Antiguo Testamento existía un género literario especial, llamado relato de muertes infamantes, que se usaba para contar la muerte de aquellos pecadores, enemigos de Dios, que durante su vida se oponían a los proyectos divinos. Algunos se leen, por ejemplo en el Sal 69,23-29, en el Sal 109,6-19, y en el libro de la Sabiduría 4,19.

La cita de un libro

Este último, precisamente, dice: El Señor se reirá de ellos. Después se convertirán en un cadáver infamante, objeto de oprobio eterno entre los muertos. El Señor los precipitará de cabeza, sin que puedan hablar, los arrancará de sus cimientos, y serán completamente exterminados, quedarán sumidos en el dolor y desaparecerá hasta su recuerdo.

Esta descripción nos da un pavoroso cuadro de la muerte del pecador. Recordemos que en la antigüedad era muy importante tener una sepultura digna, y no había peor maldición que la dirigida contra un cadáver.

Si ahora analizamos detenidamente este párrafo y lo comparamos con lo que Pedro dice en Hechos, vemos que en realidad éste cuenta la muerte de Judas siguiendo la cita del libro de la Sabiduría. En efecto, Judas se convirtió en un cadáver infame (ya que no pudo ser dignamente enterrado); objeto de oprobio eterno (pues la noticia se extendió por todas partes); cayó de cabeza (como Pedro afirma); sin que pueda hablar (por eso, para Pedro, Judas no se arrepiente ni devuelve las monedas).

Terreno de mala fama

Pero Pedro agrega lo de una finca, llamada Campo de Sangre, que el libro de la Sabiduría no menciona. ¿De dónde sacó este dato? La respuesta se halla en un terreno que en tiempos de Jesús existía (y aún hoy existe) al sudeste de Jerusalén. La tradición popular lo llamaba Campo de Sangre, no sabemos por qué.

No es raro que un nombre tan sugestivo excitara la imaginación de la gente, y con el tiempo la tradición terminó ubicando allí el supuesto accidente aterrador de Judas, que la creencia popular le atribuía. ¿De dónde había sacado dinero Judas para comprar ese terreno? Sencillo: de las 30 monedas de la traición.

Podemos concluir, pues, que la versión de la muerte de Judas dada por Hechos, no era sino una historia transmitida por los primeros cristianos, elaborada sobre la base de una cita del libro de la Sabiduría, y completada con la creencia popular de un terreno llamado Campo de Sangre. Con ella querían resaltar cómo los proyectos de Dios se cumplirán siempre, por encima del proyecto de los malos.


​La cita de un libro

Este último, precisamente, dice: El Señor se reirá de ellos. Después se convertirán en un cadáver infamante, objeto de oprobio eterno entre los muertos. El Señor los precipitará de cabeza, sin que puedan hablar, los arrancará de sus cimientos, y serán completamente exterminados, quedarán sumidos en el dolor y desaparecerá hasta su recuerdo.Detalles sospechosos

¿Y la versión de san Mateo? ¿De dónde la obtuvo el evangelista?

Ante todo, llama la atención que en ningún otro Evangelio exista el menor rastro de la muerte de Judas. Sólo Mateo parece conocerla.

En segundo lugar, se nota que el relato está fuera de contexto. En efecto, comienza diciendo que Judas, al ver que habían condenado a Jesús, se arrepintió y fue al Templo a hablar con los Sumos Sacerdotes y Ancianos para devolverles el dinero (27,3). Pero en el versículo anterior había dicho que todos los Sumos Sacerdotes y Ancianos estaban con Pilato en el juicio contra Jesús (27,1-2). ¿Cómo pudo Judas hallar a los Pontífices y Ancianos en el Templo, si estaban todos en el palacio del gobernador?

Esto nos muestra que el episodio no pertenece al relato tradicional de la pasión de Jesús. Tuvo que ser creado por Mateo y añadido aquí por alguna razón especial. ¿Pero por qué?

Eran dos predicciones

San Mateo, que conocía el Evangelio de Marcos, descubrió que éste había dejado un vacío en su obra. En efecto, Marcos cuenta dos predicciones de Jesús en la última cena: una sobre la negación de Pedro (Mc 14,30) y otra sobre la traición de Judas (Mc 14,18-21). Más adelante muestra el cumplimiento de la negación de Pedro (Mc 14,66-72), pero no el final trágico de Judas, previsible por aquellas palabras de Jesús: Más le valdría a ese hombre no haber nacido (Mc 14,21).

Mateo tenía sumo interés en mostrar a sus lectores cómo se van cumpliendo cuidadosamente las palabras de Jesús. Y para llenar el vacío dejado por Marcos, compuso el funesto relato de la muerte de Judas.

Pero ¿por qué la contó de esa manera, y no según la leyenda popular que circulaba entre los cristianos?

Todo por David

Es que Mateo escribe su Evangelio para los judíos. Y trata de convencerlos de que Jesús es el Mesías esperado por ellos durante siglos.

Pero los judíos soñaban con un Mesías descendiente del rey David. Con alguien que tuviera sus mismas características y rasgos. Alguien que fuera un nuevo David. Al menos, pensaban, así lo habían anunciado los profetas. Y Mateo, para decirles que Jesús es ese nuevo David, cada vez que puede en su libro lo describe con los rasgos típicos de este rey.

Los exegetas han descubierto y señalado muchísimas alusiones a David, insertadas cuidadosamente por el evangelista desde la infancia de Jesús hasta su muerte.

Ahora bien, entre los detalles que conocemos de la vida de David, sabemos que tenía un íntimo amigo llamado Ajitófel, que formaba parte de sus más estrechos colaboradores, y a quien le confiaba todos los secretos del reino. Un día, sus enemigos conspiraron contra David para matarlo. Entonces Ajitófel, su íntimo amigo, lo traicionó y se puso del lado de sus adversarios. ¿Cuál fue el fin de Ajitófel? Dice la Biblia que al ver sus planes frustrados, levantándose, se fue a su casa… y se ahorcó (2 Samuel 17,23).

Mucho más que historia

La muerte de Judas, según la versión de Mateo, resulta extrañamente parecida a la de Ajitófel. En efecto, también Judas era estrecho colaborador de Jesús; también a Judas le confiaba Jesús todos los secretos del Reino (de los Cielos; Mt 13,11); también Judas traicionó a su íntimo amigo; y también Judas, arrepentido, se ahorcó.

Judas y Ajitófel son las dos únicas personas, en toda la Biblia, cuyo suicidio se cuenta (fuera de los casos en que un guerrero se mata para escapar del enemigo).Y ambos mueren precisamente ahorcados.

Mateo, pues, contó la muerte de Judas teniendo como base el relato de Ajitófel. Por lo tanto, no pretendió ofrecer una información histórica sobre el fin del apóstol. Habría tenido muy poca importancia para sus lectores. Prefirió recrear, con Jesús y Judas, la historia de David y Ajitófel, y dejar un mensaje mucho más profundo: Jesús vivió las mismas cosas que David, porque era el nuevo David, el Mesías salvador que estaba esperando el pueblo de Israel. Por eso, debemos creer en él.


Esta descripción nos da un pavoroso cuadro de la muerte del pecador. Recordemos que en la antigüedad era muy importante tener una sepultura digna, y no había peor maldición que la dirigida contra un cadáver.

Si ahora analizamos detenidamente este párrafo y lo comparamos con lo que Pedro dice en Hechos, vemos que en realidad éste cuenta la muerte de Judas siguiendo la cita del libro de la Sabiduría. En efecto, Judas se convirtió en un cadáver infame (ya que no pudo ser dignamente enterrado); objeto de oprobio eterno (pues la noticia se extendió por todas partes); cayó de cabeza (como Pedro afirma); sin que pueda hablar (por eso, para Pedro, Judas no se arrepiente ni devuelve las monedas).

Terreno de mala fama

Pero Pedro agrega lo de una finca, llamada Campo de Sangre, que el libro de la Sabiduría no menciona. ¿De dónde sacó este dato? La respuesta se halla en un terreno que en tiempos de Jesús existía (y aún hoy existe) al sudeste de Jerusalén. La tradición popular lo llamaba Campo de Sangre, no sabemos por qué.

No es raro que un nombre tan sugestivo excitara la imaginación de la gente, y con el tiempo la tradición terminó ubicando allí el supuesto accidente aterrador de Judas, que la creencia popular le atribuía. ¿De dónde había sacado dinero Judas para comprar ese terreno? Sencillo: de las 30 monedas de la traición.

Podemos concluir, pues, que la versión de la muerte de Judas dada por Hechos, no era sino una historia transmitida por los primeros cristianos, elaborada sobre la base de una cita del libro de la Sabiduría, y completada con la creencia popular de un terreno llamado Campo de Sangre. Con ella querían resaltar cómo los proyectos de Dios se cumplirán siempre, por encima del proyecto de los malos.


Otras versiones

Existe una tercera versión, muy desagradable, sobre la muerte de Judas. La cuenta Papías, obispo de Hierápolis en el siglo II. Según él, al querer ahorcarse Judas, la cuerda se cortó antes de asfixiarlo y así pudo salvarse. Pero más tarde contrajo una enfermedad, y se hinchó tanto que no podía pasar ni siquiera por donde pasaba normalmente un carro. Su cabeza y sus párpados se inflamaron de tal manera que no podía ver, y ni los médicos podían encontrarle los ojos. De sus partes íntimas le salían gusanos y pus. Y después de unos atroces tormentos, murió en una finca suya. Cuantos pasaban por allí cerca debían taparse la nariz debido al mal olor que salía.

Otro escritor de los primeros siglos, llamado Ecumenio, aporta una cuarta versión: a Judas lo apretó un carro, y su cuerpo se reventó bajo el peso del rodado.

En la misericordia de Dios

Vemos cómo la tradición antigua amontonó horror tras horror sobre la muerte del hombre al que veían como el traidor supremo. Más tarde Dante, en su Divina Comedia, lo situó en lo más profundo del infierno.

Pero al descubrir cómo nacieron los relatos del Nuevo Testamento, vemos que la Biblia no pretendió ensañarse con él, ni hacer hincapié en su desesperación final, ni mucho menos subrayar su condena.

Judas fue un hombre equivocado, como tantos otros de la historia. El Nuevo Testamento baja el telón sobre él cuando san Pedro, en su mencionado discurso, dijo que Judas desertó y se fue a donde le correspondía (Hch 1,25).

No es de nuestra incumbencia decir cuál es ese lugar. No es tarea de la Iglesia condenar a nadie, sino salvar.

Cuando nos veamos tentados de condenar sin compasión a alguna persona equivocada, recordemos lo que el Nuevo Testamento hizo con Judas. En vez de condenarlo, utilizó su historia para resaltar dos lecciones positivas: en la versión de Hechos, que Dios triunfa siempre; y en la versión de Mateo, que Jesús es el Mesías verdadero a pesar de las defecciones de cuantos lo rodeamos.